QUE VUELVA EL PATRÓN NO PABLO ESCOBAR SINO EL NARCO 82 ÁLVARO URIBE

NARCOTRAFICANTE 79 PABLO ESCOBAR EN CAMISETA

CAMISETA DEL NARCO 82 ÁLVARO URIBE VÉLEZ

CARLOS LEHDER RIVAS VEINTICINCO AÑOS ENTRE BARROTES

CONFESÓ EN TVE QUE EXPORTABA DROGA A EEUU PARA ATACAR EL IMPERIO

MEDELLIN Y RIO DE JANEIRO CIUDADES EN GUERRA

BARRIO DE PABLO ESCOBAR EN MEDELLÍN

EXTRADITADA LA HERMANA DEL PILOTO DE PABLO ESCOBAR

CUÑADA DE ÁLVARO URIBE FORMABA PARTE DEL CARTEL DE SINALOA

JUGANDO EN MEDELLÍN CON PABLO ESCOBAR

CÁRCEL DE PABLO ESCOBAR CONVERTIDA EN GERIÁTRICO

FOTOGRAFÍAS DE LA CATEDRAL EN ENVIGADO

PABLO ESCOBAR GAVIRIA TRABAJÓ POR LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

ÁLVARO URIBE Y PABLO ESCOBAR FINAL DE LA MISMA PELÍCULA

VÍCTIMAS OLVIDADAS DEL NARCO 79 PABLO ESCOBAR GAVIRIA

ÁLVARO URIBE NÚMERO 82 LIGADO A PABLO ESCOBAR SEGÚN ESTADOS UNIDOS

PABLO ESCOBAR TRAS EL RASTRO DEL NÚMERO 79

PREFERIMOS LA PRESIDENCIA EN COLOMBIA A LA CÁRCEL EN GRINGOLANDIA

PABLO ESCOBAR GAVIRIA TAMBIÉN PREFERÍA UNA TUMBA EN COLOMBIA

TREMENDO DILEMA PARA EL PRESIDENTE DE COLOMBIA

PABLO ESCOBAR NÚMERO 79 PRECURSOR DEL PARAMILITARISMO

PABLO ESCOBAR GAVIRIA NO HA MUERTO ESTÁ PRESENTE EN COLOMBIA

DOBLE MORAL DE LA SOCIEDAD DONDE NACIÓ PABLO ESCOBAR

EXPEDIENTE SECRETO DEL NÚMERO 79 PABLO ESCOBAR

CASTRO CAICEDO Y EL CORONEL QUE CAPTURÓ AL PADRINO PABLO ESCOBAR

COSAS VEREDES CORONEL A JUICIO POR NARCOPARAMILITARISMO

ÁLVARO URIBE PADRINO DEL HIJO DEL CORONEL PARAMILITAR

TRANQUILANDIA Y AQUEL HELICÓPTERO DEL PADRE DE URIBE

EMBARGAN PROPIEDADES DEL EX DIRECTOR DE LA FISCALÍA DE MEDELLÍN

HERMANITO DEL MINISTRO IDENTIFICADO FORMALMENTE COMO NARCOTRAFICANTE

ESCANDALAZO A LA VISTA POR LA ABSOLUCIÓN DEL HERMANITO DEL MINISTRO

GUILLERMO LEÓN VALENCIA COSSIO FISCAL DETENIDO

EDIFICIO MÓNACO SEDE DE LA FISCALÍA

FOTOGRAFÍAS DEL POBLADO

EL OTRO PABLO HISTORIA ÍNTIMA DEL CAPO PABLO ESCOBAR

ENTREVISTA CON ALBA MARIA ESCOBAR GAVIRIA

UN CRIMINAL RICO Y PODEROSO

PABLO ESCOBAR EN EL MUSEO DE LA POLICÍA

MUSEO DE LA POLICÍA DE COLOMBIA

HERMANO DE ASESOR DE URIBE EN LAS CUENTAS DEL CARTEL DE MEDELLIN

FRENTE A FRENTE CON EL HIJO DE PABLO ESCOBAR

DESDE PABLO ESCOBAR HASTA CHUPETA

PECADOS DE MI PADRE PABLO ESCOBAR GAVIRIA

GENTE Y PAISAJES DE COLOMBIA

A vista de pájaro, Medellín aparece rodeada de montañas, vegetación, suburbios escalando lomas, faldas, cerros. Más de cerca, la capital de Antioquia es una sucesión de rascacielos, zonas comerciales y nubes de mujeres lindas, mimosas, exigentes en la intimidad de la alcoba. No hay estadísticas oficiales, pero de una sencilla investigación empírica se deduce que las damas de Medellín, ya sean negras, blancas, mestizas, adolescentes, cuarentonas, flacas o sobradas de popa, han depositado su confianza en el tanga como prenda de seducción. Tangas de color blanco, tangas de color negro, tangas de color encarnado. En las tiendas de ropa sólo hay tangas o bragas para abuelitas recatadas; bragas grandes, enormes. Qué bonitas son las mujeres de Medellín!! Pero no todo es color de rosa en el mundo femenino medellinense, pues según una encuesta de la Cruz Roja, un treinta por ciento de las adolescentes ha perdido el juicio por culpa de la anorexia: no quieren lucir pechos atrevidos, caderas exuberantes, piernas para endulzar la vida a los hombres golosos.

Medellín tierra de gente hospitalaria, laboriosa, emprendedora. Tierra de oro para los conquistadores europeos y punta de lanza para la economía colombiana en las primeras décadas del siglo XX. Medellín tierra de flores y caballos. Medellín rica en El Poblado y miserable en los arrabales; narcotraficantes millonarios y niños abandonados en las calles. Medellín orgullosa de la pulcritud del metro y negligente con la contaminación y con los conductores temerarios, irresponsables, deshumanizados. El mercado de ataúdes en Medellín es asequible para toda clase de ciudadanos, pero quien le tenga apego a la vida no debe retar a ningún conductor (las mujeres son tan agresivas como los hombres) en ningún paso de peatones, incluso ni con la luz verde encendida. Por contravenir tan sabio consejo, más de un alumno de la profesora de cumbia Eli del Valle ha dejado para siempre la academia de baile. Medellín rumbera, merengona, salsera. Ocurrió hace pocos años. El cortejo fúnebre de un célebre mafioso se convirtió en un jolgorio por las calles de Medellín. Música de salsa, bebidas alcohólicas y gente solidaria. En cada esquina se sumaban más cantantes, más botellas de aguardiente y más parroquianos tocando el ataúd como si quisieran darle ánimos al irrecuperable difunto. En el cementerio, la borrachera se convirtió en una despedida apoteósica: sacaron el fiambre de la caja mortuoria y dispararon una salva con toda clase de armas cortas. Una voz amiga entonó la canción "Nadie es eterno en el mundo". Los medellinenses, como el resto de antioqueños, son mezcla de vascos, catalanes, andaluces, indios, negros. Manizales, Armenia y Pereira, capitales de otras tantas regiones o departamentos cafeteros por excelencia, y hoy independientes de Antioquia, nacieron por la voluntad emprendedora de los medellinenses. Gonzalo Mejía Trujillo ha pasado a la historia como uno de los hombres más influyentes de la sociedad antioqueña. Grandes infraestructuras económicas de Medellín, como el aeropuerto Olaya Herrera (donde murió Carlos Gardel), se debieron a su visión como empresario, mecenas y político. La historia de Colombia giró durante mucho tiempo alrededor del poder económico, político y cultural de Antioquia. Hoy ha perdido influencia, pero continúa siendo una referencia para las nuevas generaciones de antioqueños.

El monopolio de Medellín como epicentro de poder se truncó a partir de 1975, cuando la crisis de la producción cafetera; la subida del precio del petróleo y la competencia en la industria telar del sudeste asiático dejó fuera de combate a los industriales locales. La inflación y el desempleo sirvieron de caldo de cultivo a la subeconomía del narcotráfico, tal como señaló el periodista Mario Arango Jaramillo en la obra Impacto del narcotráfico en Antioquia. Nacieron los carteles liderados por Pablo Escobar Gaviria, Jorge Luis Ochoa Vasquez y José Gonzalo Rodríguez Gacha. En la década de los años ochenta, las exportaciones de cocaína superaban el 70 por ciento de las exportaciones de la nación. Colombia se convirtió a partir de ese momento en un reguero de cadáveres. Solo en Medellín, en 1991, murieron cerca de ocho mil personas a manos de los sicarios del crimen organizado, asesinos de corta edad reclutados entre los pobladores de barracas, miseria y olvido. Diez mil matones a sueldo en Antioquia (la mitad en Medellín) a las órdenes de los carteles de la droga. Actualmente muchos descansan en el cementerio o se pudren en las cárceles. Niños devotos de San Judas, del Señor Caído de Girardota o de la Virgen de las Mercedes. Pero ninguna imagen ha sido tan venerada como la Virgen María Auxiliadora. En la iglesia de Sabaneta, todos los martes, legiones de sicarios ofrecían promesas, novenas y oraciones para que sus crímenes quedaran impunes.

"Preferimos una tumba en Colombia, a una celda en EEUU", filosofía de los extraditables por narcotráfico. Don Pablo (Escobar Gaviria) y el resto de capos del cartel de Medellín se ofrecieron a pagar la deuda externa de Colombia a cambio de su indulto. Durante una temporada, Don Pablo estuvo preso en La Catedral de Itagüí, una prisión de máxima seguridad mandada a construir por el propio narcotraficante. Tanto celo puso en la "máxima seguridad" que logró fugarse más tarde. Don Pablo no solo dejó su impronta como hombre de negocios, político y benefactor de los pobres, sino como enemigo de la delincuencia. En cierta ocasión, escribió el siguiente mensaje en el automóvil de su hermana: "Este carro pertenece a mi hermana Ana María Escobar. Si usted se lo roba, por favor entregarlo y así se evitará molestias". Cien jueces y quinientos policías muertos son datos para tener en cuenta en la biografía de Don Pablo, también sus dimes y diretes con los mandamases del cartel de Cali, menos violentos con las autoridades del Estado. La colaboración de los hermanos Rodríguez Orejuela con la policía colombiana se convirtió en un quebradero de cabeza para el benefactor de los pobres, y terminó siendo abatido en 1993. Desde entonces, Medellín ha ido recuperando paulatinamente la paz... Pero no del todo.

RETRATO DE PABLO ESCOBAR POR FERNANDO BOTERO ANGULO

En Medellín hay tropecientos cementerios, fruto del trajín mortuorio de la ciudad más violenta del mundo. Unos son de corte romántico, como el camposanto de San Pedro, y otros son panorámicos y ruidosos como Campos de Paz, situado junto al aeropuerto de Olaya Herrera. Cada cinco minutos, o menos, un avión solivianta la paz de los difuntos. Pero el cementerio más famoso del Valle de Aburrá está cerca de Sabaneta. A la entrada, un enorme anuncio, dice: "En servicios de cremación usted sólo está seguro cuando elige lo mejor". Jardines de Montesacro tiene oficina de relaciones públicas. La eficiente empleada brinda toda clase de información sobre las características del mausoleo, los osarios, el crematorio; la calidad de los materiales empleados en su construcción; el precio y las modalidades de pago de nichos, fosas, panteones. No se limita sólo a rellenar el formulario con los datos de los futuros huéspedes del Sumo Hacedor, sino que antes de la excursión por el cementerio, para que los paseantes se familiaricen con el futuro, tiene a bien ofrecer una taza de café a todo bicho viviente. No todo el mundo acepta, no por respeto a los muertos (para no ir de tumba en tumba con la tacita de café en la mano), sino porque casi es mejor beber agua directamente. En América, sólo en Cuba, un país de ateos, se toma el café como Dios manda, espeso, negro. Muchos visitantes los domingos en Montesacro; unos rezando en la tumba de cualquier allegado, otros depositando flores y el resto de turismo en el mirador: vehículos, fábricas, montañas. Como en Sabaneta no hay cines ni jardines (la única diversión consiste en oír misa en la iglesia de María Auxiliadora, la virgen de los sicarios, y beber ron en los bares de la plaza, o incluso tomar ron mientras se oye misa gracias a los altavoces de la iglesia situados en la plaza), los parroquianos se agolpan en el cementerio los domingos por la tarde. Montesacro no podía ser el sitio más indicado para recibir a Pablo Escobar Gaviria tras su postrero enfrentamiento con la policía. En Sabaneta, la virgen de los pistoleros del cartel de Medellín, y a un tiro de bala la sepultura del más célebre narcotraficante del planeta mientras duró su reinado. Deambulando por los alrededores del discreto panteón de Pablo Escobar Gaviria y su padre, detrás de la capilla, siempre hay antiguos sicarios, madres enlutadas, periodistas curiosos, algún extranjero. La historia de Medellín no podría ser contada sin hacer mención a Montesacro y a la cárcel de La Catedral, donde Pablo Escobar vivió algo más de un año invitado por el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario. El Estado puso los guardianes y el jefe del cartel de Medellín el terreno, los materiales, la mano de obra. La finca la compró un testaferro de Pablo Escobar y después la cedió al municipio de Envigado para guardar las apariencias tras el pacto entre el mafioso y el presidente de la República, César Gaviria Trujillo, hoy secretario general de la OEA. El mandatario colombiano no accedió a la pretensión del mafioso de pagar la deuda pública de Colombia a cambio de su impunidad, pero aceptó la entrega voluntaria del mismo, máxime tras haber aprobado la Asamblea Nacional Constituyente la prohibición de extraditar a ningún colombiano a EEUU. Pablo Escobar, enamorado desde muy joven del derecho y la contabilidad (en la Universidad de Antioquia ocupó el segundo lugar en la selección de candidatos a cursar la carrera de contador público, si bien no pudo hacerlo por falta de recursos económicos), hizo cuentas. La pena máxima por sus delitos estaba tipificada en 30 años de prisión, pero teniendo en cuenta la rebaja por la entrega voluntaria, la confesión inculpatoria y los demás beneficios penitenciarios, la pena quedaría reducida a no más de seis años de privación de libertad en su cárcel privada. Ni los históricos mafiosos de Cosa Nostra jamás soñaron nada semejante. Pero la avaricia rompió el saco. Aquella mañana, Pablo Escobar cogió la máquina de hacer difuntos (una pistola del calibre 9 mm) y se dirigió a un helicóptero del Departamento de la Gobernación de Antioquia (gobierno autónomo de la región) para trasladarse a su nueva finca. No se parecía en nada a la Hacienda Nápoles, un paraíso donde recibió a boyantes empresarios del narcotráfico como Montecristo (apodo de Vladimiro Montesinos Torres), pero enseguida se puso manos a la obra: capilla, bar, discoteca, piscina, gimnasio, campo de fútbol, lago... Incluso mandó a construir una casita de muñecas para su hija. La cerca metálica, los perros guardianes y el sistema privado de comunicación tampoco faltaron de inmediato para mantener a raya a sus enemigos del cartel de Cali. La Catedral ocupaba un lugar privilegiado para preservar la seguridad de Pablo Escobar y sus muchachos. Vista panorámica sobre Medellín y vegetación frondosa. Armas, dinero, mujeres. Los narcotraficantes estaban bien pertrechados. El día de la Virgen de las Mercedes, patrona de los reclusos colombianos, Pablo Escobar organizó un torneo de fútbol con los principales equipos de Antioquia: Deportivo Independiente de Medellín, Atlético Nacional y Envigado Fútbol Club. José René Higuita Zapata, el inolvidable portero del escorpión se dejó marcar un gol de Pablo Escobar (su amistad con el narcotraficante le dio algunos quebraderos de cabeza con la policía). La Catedral se convirtió en un "santuario" hasta donde iban en romería políticos, mujeres (modelos, actrices, reinas de belleza) y abogados en busca de dinero abundante. Según Ramón Escobar Gaviria, hermano del Patrón y autor de "Mi hermano Pablo", el jefe del cartel de Medellín ocultó diez millones de dólares en La Catedral. Tiempo después, cuando los narcotraficantes huyeron precipitadamente, aquel tesoro se convirtió en otro motivo para reanudar las oleadas de peregrinos hasta la cárcel, hoy en ruinas. Pablo Escobar, culpable del asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla; del director del periódico "El Espectador" Guillermo Cano Isaza y del candidato a la presidencia de la República Luis Carlos Galán Sarmiento, estrenó oficio en La Catedral, donde centenares de mujeres víctimas de los talibanes colombianos (maridos y novios borrachos, pendencieros, gandules) le mandaban sus quejas. Pablo Escobar contestó personalmente a todas ofreciéndoles consejos, palabras de ánimo. El jefe del cartel de Medellín no sólo untó a políticos, militares y policías corruptos; también contribuyó a las obras benéficas de la Santa Madre Iglesia. Con quien más estuvo en contacto fue con el sacerdote Rafael García Herreros, fundador en Bogotá del barrio Minuto de Dios, junto a u río pestilente aún hoy. El cura García Herreros bendijo La Catedral, y si bien continuó viviendo en Bogotá, periódicamente se trasladaba a la finca (prisión) de Pablo Escobar para consolarlo espiritualmente. Los gastos de tantas idas y venidas corrían por cuenta del piadoso tráfico de drogas. Pablo Escobar también incurrió en graves contradicciones; por ejemplo, no fumaba ni bebía cuando dejó el negocio funerario (compraba lápidas sin terminar a bajo precio y luego buscaba clientes en las iglesias y velatorios de Envigado), pero se enriqueció con el contrabando de tabaco y licores procedentes de Panamá. De ahí dio el salto definitivo. Un peruano lo introdujo en el narcotráfico. Se convirtió en un excelente transportista de drogas a EEUU por cuenta de terceros. Más adelante formó sociedad propia. Aviones propios, barcos propios, helicópteros propios. Hasta tuvo aeródromos propios, unos para uso protocolario, como el de la Hacienda Nápoles, y otros totalmente comerciales, como el situado en los Llanos Orientales, una verdadera obra de imaginación. La pista estaba cubierta por numerosas casitas de madera con ruedas. Antes de operar los aviones, los obedientes habitantes (gente de confianza procedente de Medellín) empujaban las casitas hasta la orilla de la pista. Todo sucedía en un abrir y cerrar de ojos para impedir la vigilancia de la Fuerza Aérea colombiana. Antes, durante y después de su plácido retiro en La Catedral, donde Pablo Escobar se pasaba las horas leyendo; hablando con sus abogados y pendiente de los negocios, el jefe del cartel de Medellín hizo varias incursiones a la política, tanto como representante del Congreso de la República como por su idea de separar a la región de Antioquia del resto de Colombia y erigirse en presidente del nuevo Estado. Pero cuando hizo realmente historia fue cuando tuvo en su poder la espada del Libertador de América, robada por el M-19 de la quinta de Simón Bolívar, en Bogotá. Antes de morir, Jaime Bateman Cayón, líder del movimiento guerrillero, la dejó en manos de Iván Marino Ospina, quien años más tarde se la entregó a Pablo Escobar Gaviria como prueba de buena voluntad después del pacto de no agresión mutua entre el M-19 (Movimiento 19 de Abril) y el MAS (muerte a secuestradores), una banda de sicarios creada por Pablo Escobar a raíz del secuestro de la hija de Fabio Ochoa Restrepo. La espada de Simón Bolívar Palacios también estuvo en La Catedral. Mafioso, político, devoto del santo Mariano de Jesús Euse Hoyos (más conocido como Padre Marianito, de quien la madre de Pablo Escobar aseguraba ser pariente lejano), caritativo, ecologista (en la Hacienda Nápoles coleccionaba fieras y aves exóticas), deportista (metió en apuros a un dirigente del fútbol antioqueño), Pablo Escobar también se destacó como mecenas de la cultura. En la cafetería Versalles, en Medellín, un antiguo cenáculo de las tertulias literarias y hoy convertido en una referencia para la gente de buen paladar, el doctor Echeverraría, como se hacía llamar, devoraba como loco raciones enteras de empanadas argentinas, buñuelos y palitos de queso. También le gustaba la ópera, la pintura y viajar. Precisamente por su afán de conocer mundo hizo un viaje a EEUU. En Miami, tras una trifulca con la policía (consiguió evadirse del coche de patrulla), visitó Disneylandia y luego prosiguió camino hacia Washington para ver el museo del FBI, la Casa Blanca y el museo de Picasso. Pablo Escobar amaba la ciudad de Medellín, pero tras huir de La Catedral, una noche, dos atracadores estuvieron a punto de matarlo. La culpa la tuvo un emisario suyo, asaltado inocentemente delante de la casa donde estaba refugiado Pablo Escobar. El robo del vehículo, incluida la correspondencia del jefe del cartel de Medellín, provocó la estampida hacia un escondite a más de cien kilómetros de distancia. A la hora de despedirse de su hermano Roberto, exclamó: "Para que veas, hermano, qué insegura está la ciudad de Medellín". En San Luis, una mañana, tuvo un sobresalto. Varios policías llegaron a la vivienda donde estaba oculto. Preguntaron por unos maleantes, autores de cierto incidente. Pablo Escobar salió de la habitación y departió con los agentes. Después de desayunar juntos se despidieron haciendo votos para que la seguridad en la zona mejorara. ¿Por qué se fugó Pablo Escobar de La Catedral? El presidente de la República dio órdenes de requisar la cárcel privada del narcotraficante porque la misma se había convertido en un relajo a espaldas del Estado. Armas, dinero, estupefacientes. El comandante general de la IV Brigada dispuso a sus hombres para ejecutar la misión. Pablo Escobar protestó. El viceministro de Justicia y el director del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario acudieron a La Catedral. El mafioso, con buenos modales, porque según su hermano Roberto jamás empleaba malas palabras ni con los funcionarios del Estado (simplemente los mandaba para el otro mundo), se opuso a la presencia de los militares en su casa. "En todo caso -dijo-, los dejo pasar desarmados". Nueva consulta a César Gaviria Trujillo. "El presidente insiste - anunció el viceministro de Justicia- que entre el Ejército, pero armado, y si no, no hay trato". "No, mi hermano -replicó Pablo Escobar-, yo, así, no los dejo pasar". Menos de veinticuatro horas más tarde se produjo la fuga. Durante un año, la busca y captura de Pablo Escobar se convirtió en una trepidante prioridad de la Fuerza Pública con el apoyo de la DEA norteamericana. Sólo esperaban un golpe de suerte o un error del narcotraficante. Lo cometió el día de su cumpleaños. Pero antes trató de negociar una segunda rendición, igualmente favorable. Buscó la mediación de Gustavo de Greiff, a la sazón fiscal general de la Nación. "Que tiemblen los corruptos", había dicho tiempo atrás. Pablo Escobar sonrió. Obraba en su poder una copia de la escritura de la sociedad Líneas Aéreas El Dorado, participada por el fiscal general de la Nación y por el jefe del cartel de Cali Gilberto Rodríguez Orejuela. En aquella oportunidad, la intimidación de Pablo Escobar surtió efecto y Gustavo de Greiff cumplió a pie juntillas la orden del mafioso de interceder ante las autoridades norteamericanas a favor de un socio del cartel de Medellín. Pero ahora las circunstancias habían cambiado. Inesperadamente, el narcotraficante usó el teléfono. La DEA localizó su escondite. Centenares de policías rodearon la casa. Pablo Escobar trató de huir por el tejado. "Es preferible una tumba en Colombia que la cárcel en EEUU", había dicho siempre. Se disparó un tiro en la cabeza. Murió el rey sin corona , pero casi diez años después, Medellín ha vuelto a despertar a la violencia más atroz. La semilla germinará de nuevo?

DÉCIMO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE PABLO ESCOBAR

Ayer hizo diez años, el 3 de diciembre de 1993, cayó baleado en Medellín Pablo Escobar Gaviria, creador de la organización criminal más temible que haya padecido Colombia, artífice del narcoterrorismo y un hombre que logró chantajear a un Estado y amedrentar a una sociedad entera. Ningún colombiano que haya vivido el surgimiento y auge del narcotráfico en nuestro país podrá olvidar lo que significó el fenómeno de Pablo Escobar. Por la oprobiosa dictadura del miedo que pretendió imponer el jefe del cartel de Medellín. Por el sofocante clima de zozobra e intimidación que creó durante varios años con sus atentados, carros bomba y asesinatos selectivos. Por el daño que le causó al país y el dolor que sembró en miles de hogares. Fue tan descomunal la capacidad criminal y el poderío económico de Pablo Escobar, dueño de una inteligencia tan excepcional como diabólica, que su eliminación solo fue posible tras una cacería humana sin precedentes, en la que participaron desde los servicios secretos de Estados Unidos, pasando por todas las fuerzas combinadas del Estado colombiano, hasta el cartel de Cali y narcos disidentes de su propia organización. Como miembros de la prensa, nos tocó padecer de cerca la larga pesadilla del narcoterrorismo, y es imposible desterrar de la memoria esa sensación de impotencia, miedo y rabia que daba ver caer una tras otra -por opinar, por escribir, por denunciar- a tantas personas queridas y admiradas: Rodrigo Lara, Guillermo Cano, Luis Carlos Galán, Jorge Enrique Pulido, Enrique Low Murtra... Jueces, policías, periodistas, congresistas... La lista de víctimas es tan larga como diversa. Muerto Escobar, comenzó el declive de los grandes carteles de la coca, y el narcoterrorismo como tal no volvió a tener expresiones parecidas. Pero no murió el negocio del narcotráfico que él construyó y desarrolló como pocos. Ni la cultura de la violencia y el enriquecimiento ilícito que personificó. La economía ilegal de la droga sigue viva y coleando, agenciada por decenas de organizaciones más pequeñas, diversificadas y sofisticadas, y hoy se ha convertido en combustible central del conflicto que vive el país. Los grupos armados que con ella se financian también han asimilado los métodos mafiosos e inclusive la estrategia de Escobar de forzar una negociación a través del terror. "Crear un caos muy berraco para que nos llamen a un diálogo de paz", fue la consigna de quien llegó a todos los extremos en su intento por avasallar al Estado. No sobra advertir aquí que el inmenso poderío económico del narcotráfico -y su capacidad de corrupción y destrucción- se explica por su condición de negocio ilegal, que es la que le da su altísima rentabilidad y su carácter violento y criminal. Y es evidente, en este sentido, el costoso fracaso de más de tres décadas de guerra contra la droga librada bajo las pautas impuestas por Estados Unidos. Con su énfasis primordial en la represión policial y la destrucción de las fuentes de producción, más que en la prevención, la educación o la salud pública, esta estrategia no ha logrado detener la dinámica ni la expansión del negocio. Por el contrario, según Naciones Unidas, 157 Estados del mundo admiten hoy tener problemas de cultivo, comercialización o consumo de narcóticos y/o lavado de dineros. El propio Escobar advirtió en una entrevista en 1984 que "sin despenalización, el narcotráfico será el más productivo y global negocio del mundo". Diez años después de su muerte, el país aún no termina de asimilar a cabalidad lo que representó ese capítulo tenebroso de nuestra historia. Pablo Escobar demostró la capacidad de intimidación y corrupción que puede llegar a ejercer el crimen organizado. Y hasta dónde se puede amedrentar, sobornar o pervertir a una sociedad en sus más preciados valores e instituciones. Se dice que pueblo que no aprende de su historia está condenado a repetirla y, aunque haya pasado una década, el fenómeno que encarnó Escobar aún debe ser motivo de reflexión. Para comprender bien cómo pudo surgir un individuo así y por qué llegó a detentar tal grado de poder sobre un país. Para entender mejor por qué pudo convertirse en motivo de admiración o imitación en algunos núcleos sociales. Y tal vez para, al mirarnos más de cerca en el espejo de su trágica parábola, reconocer mejor nuestras propias flaquezas y debilidades. Colombia aún no termina de asimilar a cabalidad el traumático fenómeno que representó Pablo Escobar.

Fuente: Diario "El Tiempo".

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RAFAEL SÁNCHEZ ARMAS

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