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CONDICIONES IMPOSIBLES
Otra jugarreta de la guerrilla para recuperar el espacio perdido en el escenario de la actualidad.
No entendemos la oleada de optimismo y el coro de aprobación alrededor del tema de la negociación con las Farc.
Esa es la impresión que dejan los titulares de prensa y las declaraciones de muchos personajes de la vida nacional, con notables excepciones, como las de los ex ministros Fernando Londoño Hoyos y Rafael Pardo Rueda, cuyas columnas de esta semana en El Colombiano y El Tiempo, respectivamente, son oportunos campanazos de alerta a la sociedad colombiana frente a otra jugada de la guerrilla, nueva versión del Kaguanistán.
Para advertirlo a tiempo es indispensable examinar con el mayor cuidado la reciente “carta abierta a los tres poderes” del Secretariado de las Farc, que nosotros no dudamos en calificar de pieza inigualable de cinismo y falta de respeto por el país y sus instituciones, pues en lugar de mostrar una verdadera voluntad de paz nos parece que aleja aun más las posibilidades de alcanzarla, por la sencilla razón de que la mayoría de sus demandas son inaceptables.
La guerrilla propone que “Si el gobierno actual decide otorgar las plenas garantías para adelantar el canje de prisioneros de guerra, desmilitarizando por 45 días los municipios de Florida y Pradera, en el Valle del Cauca, una vez liberados todos ellos, quedará al orden del día la búsqueda de acuerdos para superar el conflicto social y armado que azota al país”.
¿Qué sentido tiene que, de la noche a la mañana, una guerrilla que no ha hecho sino dilatar el IH y burlar de manera infame las esperanzas de libertad de sus víctimas, después de seis o siete años de martirio, ahora ya no solo acepte discutir el intercambio sino que encime negociar la paz? Hay que abrir los ojos para ver que lo que hay detrás de semejante bomba es otro intento por rehabilitar su imagen internacional y hacer aparecer al Gobierno como el obstinado enemigo, no sólo del intercambio humanitario sino de la reconciliación nacional. Mezclando en su carta los dos temas, las Farc han puesto al Gobierno en la encrucijada de ignorarla o de salir a responder el cúmulo de falacias y acusaciones que hay allí.
En su breve comunicado del 2 de octubre, la Casa de Nariño no hizo expresa referencia al documento de las Farc, pero anuncia que el Presidente de la República ha autorizado al Alto Comisionado para buscar con ese grupo un acuerdo de condiciones propicias para “una eventual zona de encuentro que sea eficaz para el acuerdo humanitario y un proceso de paz”, con lo que está implicando que acepta en principio la mezcla de los dos temas, aunque “con garantías de buena fe que además deberían incluir un cese de hostilidades, limitaciones de tiempo y los requisitos que propusieron los tres países europeos”, para el intercambio humanitario.
Luego, en implícita alusión a uno de los puntos de las Farc, dice que “considera viable la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente, como final del proceso de paz, por supuesto, con previa dejación de armas”. El problema es que si el Gobierno no responde ahora a todos y cada uno de los puntos de esa carta, por aquello de que “el que calla otorga” las Farc podrían alegar más adelante que aquél aceptó su agenda como base de la negociación. Lo cual para nosotros sería un error fatal.
Examinemos al vuelo el dichoso pliego de peticiones. Le proponen “al Estado colombiano – descalificando de paso al Gobierno como contraparte en la negociación - que una vez realizado el canje... desmilitarice los departamentos de Caquetá y Putumayo para iniciar conversaciones de paz”. Pretensión inaceptable y que muestra una vez más el redomado cinismo de ese grupo, pues, a sabiendas de que el país entero repudió el despeje de los 42.000 kilómetros cuadrados del Caguán y de que precisamente el triunfo electoral del doctor Uribe está basado en ese repudio, ahora pretenden el despeje de 113.850 km2, que es lo que suman los dos departamentos, con el tremendo agravante frente al área del Caguán de que se trata de un territorio limítrofe con Ecuador y Perú. Y ello cuando se acepta que, como máximo, el área de los municipios de Pradera y Florida, que juntos suman 782 km2, es más que suficiente para garantizar la seguridad de los negociadores.
Le piden al Estado colombiano que “solicite a la comunidad internacional suspender la calificación como organización terrorista a las Farc”. Nosotros admitiríamos esa posibilidad siempre que sea resultado de un avance muy positivo y muy productivo de las conversaciones de paz, pero no se les puede quitar un apelativo que se han ganado en franca lid, mientras no demuestren fehacientemente ante el pueblo colombiano y la comunidad internacional que están resueltos a dejar de ser terroristas. Lo mismo diríamos de la exigencia de “suspender los operativos militares a escala nacional y regresar las tropas a sus cuarteles, divisiones, brigadas y batallones”, pues como mínimo debería producirse antes, por parte de ellos, la suspensión de toda clase acciones contra el pueblo y las instituciones del Estado. Y claro está que “los encuentros Gobierno-Farc serán de cara al país”, pero que ello se entienda en el sentido de que nada se negociará por debajo de la mesa y no que también en esta ocasión, como en el Kaguanistán, su propósito es convertir aquello en escenario de farándula política y presentación en sociedad internacional de Don Manuel y su combo.
Será en otra ocasión que nos refiramos al intento de resucitar, “renovada” con temas como el TLC, la tristemente célebre “Agenda Común del Caguán y Plataforma para un Nuevo Gobierno de Reconciliación y Reconstrucción Nacional”, que traen las Farc al final de su carta. Por ahora, tenemos que concluir que bajo esas condiciones imposibles no hay tal paso adelante en el objetivo político de la paz, sino otra jugarreta de la guerrilla para recuperar el espacio perdido en el escenario de la actualidad. ¿O seremos demasiado incrédulos?
Más información.
¿URIBE COMO PASTRANA?
Cuando un hombre tan preciso y franco en sus ideas y posiciones como Álvaro Uribe Vélez empieza a expresarse con medias palabras, y con ellas a expresar medias ideas, es porque algo muy grave se viene encima. ¿Acaso otro despeje?
El propio Presidente ha contado cómo ha venido variando su original parecer sobre el tema, siempre, por supuesto, en la búsqueda de un intercambio humanitario, que nada tiene de lo uno ni de lo otro, y acaso en la secreta esperanza de hacerse perdonar de los que lo han tratado de inhumano y radical. Siendo ese cambio visible y varias veces confesado, no queda sino preguntar hasta dónde llegará. Y para nuestra amarga duda, puede llegar hasta el mismo punto del que partimos, ilusionados y resueltos, en aquel memorable agosto de 2002.
Estos acongojados presentimientos nos han forzado el recuerdo de la tragedia que apenas estamos dejando atrás. El presidente Pastrana, lleno de buena fe, de candor y de olvido de la historia vieja y nueva, ordenó despejar cinco municipios del sur del país, que en kilómetros cuadrados equivalían a los que tienen muchos europeos. El despeje significó que se fueron las fuerzas militares y de policía, y con ellas los jueces, los fiscales y los demás servidores públicos, para que los reemplazaran guerrilleros con pistola al cinto y fusil en bandolera. Con esos territorios en sus manos, las Farc multiplicaron sus cultivos de coca, sus tratos con la mafia, sus armamentos, sus legiones desalmadas, su osadía y sus crímenes.
Fue así el melodrama del Caguán. Todas las semanas, cuando menos, nos regalaban una buena dosis de discursos revolucionarios patrocinados por la televisión estatal. No quedó mamerto, ni subversivo, ni resentido con su discurso guardado. Pero tampoco se perdieron el escenario los políticos en vía de celebridad, los empresarios en plan de figuración, los aprendices de brujo en pose genialoide. La copa estuvo para todos llena.
Mientras tanto, las Farc se tomaban los pueblos, secuestraban a discreción, se apoderaban de los campos y cercaban las ciudades. Pero todos se alimentaban con la especie de que "Tiro Fijo" no era tan malo y que "Simón Trinidad" y Cano y "Jojoy" eran en el fondo buenos muchachos a los que les había faltado algo de oportunidad y un par de almuerzos en el Gun o en el Jockey. Lo mismo que Chamberlain creyó de Hitler, aún después de que se hubiera tragado Austria y anexionado Checoslovaquia; lo mismo que Sartre y Russell y Bernard Shaw y Steinbeck pregonaban de Stalin, cuando ya estaba en lo mejor de sus purgas; lo que la nobleza europea pensaba de Danton y Saint Just y Marat y Robespierre, cuando Luis XVI estaba en el Temple, listo para la guillotina. La especie humana se equivoca siempre ante los enemigos, y siempre con las más bellas intenciones.
Pues muchas cosas parecen indicar que nos engañaremos otra vez. La mesa está servida para una nueva, fulgurante y catastrófica equivocación. Vamos a despejar Florida y Pradera, para festejar entre lágrimas el regreso a casa da 48 secuestrados, hermanos nuestros que gimen bajo la peor forma de la esclavitud humana. Y abriremos las puertas de las cárceles para que 500 guerrilleros tomen otra vez las armas, y volverán el secuestro y la muerte al Valle del Cauca, y al Cauca y al país entero; y el Pacífico estará lleno de naves con cocaína, y los campos de cultivos malditos; y otra vez la narco mafia amenazará la Nación entera y nos hundiremos en otro mar de sangre, como en la mejor época del Caguán. Raúl Reyes pronunciará discursos y concederá entrevistas, como esos a los que nos tuvo acostumbrados; la inversión se irá como vino, en el país se oirá el sálvese quien pueda y recibiremos de nuevo al señor Frühlig y a los asesores de la ONU, mientras retumba la voz triunfal de una "nueva" izquierda inspirada en el pensamiento luminoso de Hugo Chávez. Al fondo del cuadro, Nietzche, malévolo, recordará que advirtió el Eterno Retorno de las Cosas. Para allá vamos, según todo indica. ¿O tal vez no?
Fernando Londoño Hoyos.
COSTE DE LA NEGOCIACIÓN
¿Qué costo está dispuesta la sociedad a asumir por una negociación de paz?
Diría Pambelé, y yo lo comparto, que si alguien supiera cómo hacer la paz con las Farc ya la habría hecho. Por eso no tienen cabida los consejos al Gobierno, que es quien responde por la paz y el orden público. Esa responsabilidad es intransferible, pero el Gobierno debe entender que la paz con un grupo armado no es solo un asunto que competa a los dos que se sientan a hablar. La guerra es un asunto social y político, y la paz también lo es.
Por eso, los entusiasmos colectivos que crecen cuando se vislumbra una rendija de paz no pueden obnubilarnos como sociedad. Acabamos, por la superficialidad con que los medios de comunicación tratan el asunto, discutiendo hasta la saturación los detalles, la forma, pero muy poco el contenido de lo que sería una negociación que lleve a la paz. Que si habrá o no despeje, que si se acepta o no una constituyente para la paz, que si estaría o no un militar en la mesa. Todos son detalles importantes, pero son de pura carpintería mientras la sociedad colombiana no tenga un mínimo de consenso sobre las materias que se van a negociar. Y esto es lo que diferencia los deseos de hacer la paz, que son generalizados, de los costos de hacerla, que hacen que la paz hasta ahora no haya sido posible.
Es claro que falta mucho tiempo y muchas cosas para que Gobierno y Farc se sienten a negociar, pero a este camino no se puede entrar con los ojos tapados, pues esto aplazaría las posibilidades de una negociación exitosa. Una negociación que se frustra alarga la viabilidad de una que sí funcione; por eso, no todo esfuerzo por la paz sirve a los propósitos de paz. Entonces, vale la pena mirar primero que las peticiones de las Farc, escritas en una comunicación reciente, son parecidas y actualizadas a las que se conocen desde los tiempos del Caguán. Por esta razón, cabe preguntarse: ¿si Uribe estuvo contra lo del Caguán, por qué ahora se precipita a decir que sí aceptaría, no solo reunirse con 'Marulanda', como Pastrana lo hizo, sino, además, aceptar, sin fórmula de juicio y sin discutir el para qué, una constituyente a la que Pastrana mismo, aun yendo tan lejos como fue, nunca le dio luz verde?
En lo personal, debo decir que no tengo ninguna simpatía por los grupos armados, sean Farc, Eln, Auc, sino lo contrario, y presumo que despierto por parte de ellos un sentimiento recíproco. Pero si de verdad se quiere una paz negociada, y yo la quiero, hay que tomar seriamente lo que dicen estos grupos. Ellos son todo, menos bobos, y no han estado en armas por cuatro décadas para dejarse encandelillar por la oferta de una reunión. Hay que preguntarse entonces qué es lo que haría que ellos, sus jefes, sus bases, cambien el alzamiento armado por una condición civil. El Eln y las Farc llevan más de cuarenta años; por tanto, la pregunta de por qué están alzados en armas y qué cambiaría esa condición es fundamental para saber si la paz es posible o no lo es.
Hay la idea de que las guerrillas no saben qué quieren. Incluso, ha habido campañas presidenciales que han tomado la cuestión de qué quiere la guerrilla, como propuesta de paz. También se dice que es el poder territorial; gobernar Caquetá y Putumayo, tener concejales allí, sería, por ejemplo, su aspiración. Otras versiones dicen que los alzados en armas lo están por dinero. Tienen, eso sí, una gran capacidad de obtener mucha plata, pero creo que el dinero es instrumento de un objetivo superior.
En mi opinión, la razón del alzamiento es el poder. Dinero, territorios, coca, son escalones en la escalera del poder. Y si el poder es la razón última del alzamiento, pues el poder es también lo que permitiría cambiar las armas por el Everfit. ¿Pero qué costo está dispuesta la sociedad o sus dirigentes a asumir por una negociación de esta clase? Esa es la pregunta cuya respuesta debe tener clara el Gobierno antes de ofrecer constituyentes y reuniones. Todos queremos la paz, pero con los ojos abiertos.
Rafael Pardo Rueda.
IRA – ETA – FARC
El miércoles, al terminar una visita de Tonny Blair al Presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, donde se trató, de menara especial, sobre el IRA y la ETA, no de manera casual, sino premeditada, se dio a conocer en Londres el informe del Comité independiente sobre la desaparición definitiva del grupo ilegal y violento de Irlanda del Norte, IRA.
Creo que si no hubiera sido por su maridaje con Bush para la guerra contra Irak, basados en una mentira, y la reciente dilación a una posible resolución de la ONU para frenar la guerra de Israel al Líbano, que se logró muy tarde, después de permitirle al primero cometer crímenes de guerra pavorosos, y otros errores de política interior y exterior que lo obligaron a anunciar una separación anticipada del cargo, este solo informe le hubiera bastado, no solo para concluir su mandato, sino para salir en hombros del poder.
En España, Rodríguez Zapatero dio luz verde hace varios meses a una posible negociación de paz con ETA, después de que esta llevara tres años sin cometer ni un solo homicidio, y además, a principios de año, declarara una tregua unilateral, para la supresión de cualquier atentado violento, o terrorista, como lo denominan y que hasta ahora ha venido cumpliendo. La noticia sobre el IRA no podía ser menos confortante. Aunque la diferencia entre los dos países está en que en Inglaterra el Primer Ministro ha contado con el respaldo, tanto de su partido como de la oposición, en España el Partido Popular, en la oposición después de la caída de Aznar, no cesa de atacar al gobierno y demás grupos minoritarios que lo respaldan. ¿La causa? Evidentemente que la real es que en más de dos años no han podido aún asimilar su fracaso en las elecciones, al pretender que el ataque del 11M era obra de ETA, cuando en realidad fue de extremistas islámicos en represalia por su alianza con Bush. Alegan la tesis de este, que “no se puede negociar con terroristas”.
Hoy en Colombia parece que se vislumbra la apertura de una posible negociación con las Farc, tras el anuncio del Presidente Uribe de aceptar el despeje, o cualquier otro término eufemístico, de los municipios de Florida y Pradera en el Valle del Cauca para negociar un acuerdo humanitario para la liberación de un grupo de prisioneros de ambos bandos; a lo que se añaden las últimas palabras del Presidente de que está dispuesto a negociar personalmente con los jefes de las Farc, si muestran una voluntad sincera de hacer la paz. Afortunadamente la doctrina Bush de que “no se puede negociar con terroristas” no va a ser obstáculo aquí. ¿Será que los partidos que lo van a intentar vetar, no son los de la oposición, sino los que se llaman uribistas? (El computador no me recibió este último término y me indicó que debía escribir arribistas).
No ha sido fácil en Inglaterra e Irlanda llegar al punto maravilloso de poder declarar muerto el IRA. Ha habido avances y retrocesos, éxitos y frustraciones, pero, de todos modos, tanto de parte del gobierno inglés, como del brazo político del IRA, liderado por Jerry Adams, ha habido una búsqueda perseverante, aun contra los unionistas más intransigentes liderados por Ian Pesley, quien tuvo que reconocer la autenticidad del informe. En España también se prevé largo y doloroso. Ojalá aquí los pasos se den en firme y con perseverancia. Va a haber enemigos de lado y lado, pero el anhelo de paz de los colombianos los impulsará a que no desfallezcan.
La obligación de todos, sociedad civil y gobierno, incluídos los militares, es hacer que el proceso, por largo y difícil que sea, culmine con éxito.
Fabio Villegas Botero.
____________________________________________________________ FUERZAS ARMADAS RECOLECTORAS DE COCA
P. D. El intercambio no debe mezclarse con la exploración de caminos de paz con las Farc ni tampoco los maduros avances con el Eln.