Miércoles, Junio 12, 2013

 
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Historia de los Servicios Secretos
(Tercera parte)

Por Rafael J. Sánchez Armas
Centro Internacional de Criminología
www.centrodecriminologia.com

LA TENEBROSA CIA

No es el servicio secreto más eficiente, pero sí el más poderoso. En 1995 manejó un presupuesto cercano a los 30.000 millones de dólares. Concluida la II Guerra Mundial, el presidente Truman dio luz verde al general Donovan para transformar la OSS (Overseas Security Service) en la Central of Intelligence Agency. Desde entonces "la compañía" ha tenido como misión asesorar al presidente del Gobierno en política militar y diplomática a través del Consejo Nacional de Seguridad; también prevenir las amenazas y adoptar las medidas en el control de las instalaciones estratégicas de los Estados Unidos de América. Espionaje y contrainteligencia exterior; seguridad ofensiva y seguridad defensiva. Dos caras de la misma moneda: conocer todo del enemigo y neutralizar al mismo tiempo su capacidad de información.


Coronel William Donovan

El cuartel general de la CIA se halla en Langley, a menos de veinte kilómetros del epicentro de poder más absoluto de la tierra: Casa Blanca, Capitolio y Pentágono. Cuenta con bases en todo el mundo. En Embajadas norteamericanas, en centros militares de países aliados, en oficinas comerciales como tapaderas. En Europa, Radio Liberty constituyó durante "la guerra fría" el mayor bombardero de intoxicación y propaganda destinado a los ciudadanos del Pacto de Varsovia.


Fort Langley

A través de su historia, la CIA ha provocado la ira hasta de los propios norteamericanos. Su diabólico carácter intervencionista en el Tercer Mundo valiéndose de sabotajes, subversión de gobiernos democráticos y asesinatos de dirigentes políticos ha desencadenado masivas campañas de repulsa contra sus acciones encubiertas.

En 1973, Nixon nombró director de la CIA a James Schlesinger con la misión de poner orden en "la compañía". El nuevo DCI despidió a más de mil funcionarios y cambió la doctrina del espionaje norteamericano. El "caso Watergate" dio al traste con su labor renovadora y hubo de presentar la dimisión. Pero aún tuvo tiempo de sonrojarse con el golpe de Estado del general Pinochet. 

Desde 1970, Richard Helms, antecesor de James Schlesinger como DCI, andaba conspirando contra el gobierno socialista de Salvador Allende. Entre bambalinas contaba con el soporte de grandes empresas norteamericanas: Pepsi Cola, International Telephone and Telegraph, Anaconda, Esso Standard, Chase Manhattan Bank, Ford Motor, Bank of America. Después del golpe de Estado en Chile, Richard Helms ocupó una plaza como directivo en el Banco Mundial.

Nicaragua, República Dominicana, Cuba, Guatemala, Granada, Panamá. Desde Río Grande hasta la Patagonia, América Latina ha sido tradicionalmente el patio trasero de los intereses financieros de Wall Street.


Fidel Castro

 La revolución castrista puso a Cuba en el punto de mira de la CIA. El Departamento de Defensa USA no se conformó con suprimir la cuota de importación de azúcar cubana ni con impedir la venta de petróleo norteamericano ni con establecer un severo bloqueo económico contra la isla. También la CIA ha sido acusada de propagar plagas de moho entre los cultivos de tabaco; epidemias de fiebre porcina en la ganadería y enfermedades oculares a los habitantes de Cuba. La frecuencia e intensidad de dichas calamidades no han pasado desapercibidas para algunos congresistas norteamericanos, quienes, en 1969, provocaron una discusión sobre los planes de la Agencia Central de Inteligencia por usar masivamente armas biológicas contra el pueblo y la agricultura de Cuba.

 En 1960, Allen Dulles, DCI de "la compañía", comunicó a Kennedy el objetivo de la "operación Bahía Cochinos". El joven presidente de EEUU no podía comenzar de forma más prometedora su mandato: capturar con vida o con los pies por delante al quisquilloso barbudo Fidel Castro Ruz. Dio el visto bueno. Aviones camuflados y soldados de fortuna reclutados en Miami pusieron rumbo hacia el estrecho de Florida. La urgente intervención del Consejo de Seguridad de la ONU y la heroica resistencia de los milicianos cubanos truncaron el desembarco de los mercenarios. La capacidad de la CIA para evaluar, analizar e interpretar la información quedó en ridículo. No sería el último fiasco en aquella época. La divulgación de los informes del comité Church y la comisión Rockefeller sacaron de quicio a la Casa Blanca sobre los tejemanejes de la CIA.

La década de los años sesenta quedó marcada por la sonora deserción de varios oficiales de la CIA. Philip Agee no se limitó a dar un portazo sin más; también contribuyó a desvelar los intríngulis del Departamento de Operaciones, el más comprometido en las acciones de sabotaje, asesinatos y guerra psicológica (difamación, chantaje). No es casual la trascendencia del Departamento de Operaciones en el organigrama de la CIA: Dulles, Helms o Colby, antes de asumir el puesto de DCI, dirigieron dicho departamento.

Las revelaciones de Philip Agee hicieron temblar los cimientos de Langley. Durante veinte años, el autor de La Compañía por Dentro perdió la nacionalidad norteamericana y ningún país de la OTAN toleró su presencia más allá de cuarenta y ocho horas. En Nicaragua, instruyó a los sandinistas en el modus operandi de los agentes de operaciones especiales de la CIA a la hora de sabotear los transportes públicos y la producción en las fábricas. Ha sido uno de los fundadores del Boletín Informativo de Operaciones Encubiertas, un dolor de muelas para los oficiales duros del espionaje norteamericano.

 


DIA


FBI


DEA

 

La CIA no es el único servicio de inteligencia y contraespionaje de EEUU. Otras agencias con similares objetivos son la DIA, el FBI y la DEA. Pero teóricamente, la CIA no puede actuar en territorio USA. Cuando el Servicio de Contrainteligencia, adscrito al Departamento de Operaciones, detecta una amenaza exterior (terrorismo, espionaje tecnológico, etcétera), la CIA deja en manos del FBI la adopción de las medidas pertinentes. Sin embargo, las relaciones entre ambas agencias no siempre han discurrido en medio de una balsa de aceite por la predisposición de la CIA a meter el hocico en el devenir cotidiano de políticos, artistas o intelectuales norteamericanos "ligeros de cascos" (Martin Luther King, Lillian Helman, Marlon Brando, Charles Chaplin, Bertolt Brecht). La CIA tiene prohibido intervenir en EEUU, pero una de las secciones de la División de Áreas es la conocida Domestic Operations.


En 1987, Reagan, coincidiendo con el escándalo "Irangate" (el dinero procedente de la venta ilegal de armas al régimen de Jomeini sirvió para financiar la guerrilla contrarrevolucionaria de Nicaragua) y aprovechando la muerte de William Casey, quiso atemperar la rivalidad entre la CIA y el FBI nombrando a William Webster, hasta entonces director del FBI, como nuevo DCI.


William Casey


William Webster

Las fuentes de reclutamiento del personal de la CIA son las tradicionales en cualquier servicio secreto del mundo: militares, universitarios, periodistas, abogados, prostitutas de alto copete, mafiosos, dirigentes de ONG, policías, maleantes, turistas. Entre los oficiales de la CIA prima el ideario de la patria y las excelentes perspectivas salariales; también la vanidad, el deseo de aventura, la esquizofrenia. Los responsables del espionaje con cobertura del Gobierno son diplomáticos, corresponsales de prensa y delegados oficiales. Gozan de inmunidad frente a las autoridades de los países destinatarios.

Los candidatos son investigados concienzudamente: patrimonio, desavenencias conyugales, ambiciones, hábitos, inclinaciones sexuales, creencias religiosas, pasatiempos, amistades. Ningún rincón del alma queda a merced del azar. Una funcionaria enloquecida de amor o un sindicalista despechado son carne de cañón para el chantaje o la venganza y se entregarán en cuerpo y alma a quienes colmen sus deseos e intereses. Para la CIA, todas las personas tienen su talón de Aquiles, y por lo tanto un precio. De ahí las rigurosas medidas de selección y formación de sus oficiales. Los colaboradores de la CIA (soplones de los agentes oficiales de la CIA) no pasan por tan rigurosos controles, pero en caso de traición pueden terminar con la cabeza fuera de sitio o con las tripas a la intemperie. 

En la Escuela de Contrainsurgencia de Fort Gulick (trasladada en 1984 desde Panamá hasta Fot Benning, en Georgia), los militares latinoamericanos o "tigres" completaban su formación en evasión y supervivencia; en técnicas de interrogatorio a comunistas y revolucionarios clavándoles astillas de madera en las uñas o inyectándoles burbujas de aire en las venas y en asesinatos expeditivos sin dejar huella. Muchos "tigres" ingresaron en la CIA, como el general panameño Manuel Antonio Noriega Morena, hoy recluido en una prisión de alta seguridad norteamericana por tráfico de drogas. Las técnicas de tortura empleadas en Vietnam, como las denunciadas a raíz de la "operación Phoenix", salieron de la Escuela de Contrainsurgencia de Fort Gulick, según reconoció William Colby, ex director de la CIA.

El mafioso Sam Giancana culpó a la CIA de planificar el asesinato de Marilyn Monroe con un supositorio de Nembutal, más efectivo porque no dejaba rastro en el estómago ni en el riñón. Lionel Grandison, entonces juez del condado de Beverly Hills, también ha reconocido la existencia de presiones oficiales para falsear el certificado de muerte por "suicidio". Los detectives privados Fred Otash y John Danoff, contratados por Jimmy Hoffa, mafioso y jefe del Sindicato de Camioneros, confesaron en su momento haber colocado micrófonos en el apartamento de Marilyn Monroe para espiar a Robert Kennedy. Las comprometidas confidencias hechas a la actriz por el hermano del presidente norteamericano precipitaron los acontecimientos. "La rubia de América" murió para evitar su posible testimonio a la prensa.

Tradicionalmente, el Vaticano ha dado cobertura a los asuntos de la CIA. Lo denunció en su día Philip Agee y lo ha reiterado el periodista Carl Bernstein, quien ha acusado a Juan Pablo II de colaborar con "la compañía" para hundir el régimen político existente en Polonia en los años ochenta, y en definitiva, desestabilizar la estructura del Pacto de Varsovia en favor de la OTAN.

Los escándalos son un terreno abonado en la CIA. No cesan. En 1995, el Comité de Inteligencia del Senado provocó la dimisión de James Woolsey como DCI por la incompetencia de "la compañía" al no detectar a tiempo al agente doble Aldrich Ames, jefe de la División Soviética Oriental de la CIA. Dos años más tarde, John Deutch, sustituto de James Woolsey, también dimitió como resultado de la detención por agentes del FBI de Harold Nicholson, jefe de la Unidad Especial Antirerrorista de la CIA e instructor de las últimas promociones de agentes de "la compañía": trabajaba para los servicios secretos rusos.

Después de la caída del Muro de Berlín, la CIA ha reorientado sus objetivos. En 1991, George Bush, afirmó: "Debemos tener una agencia de espionaje para impedir el robo de nuestra tecnología o el rechazo de nuestras reglas económicas en el mundo". En realidad se trataba de un mensaje cargado de solidaridad planetaria: blanco para mí y negro para ti. Varios agentes de la CIA han sido expulsados recientemente de Francia y Alemania por realizar espionaje económico y tecnológico.

Segunda parte

 

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