SUDAMERICANOS A DEFENDER CEUTA Y MELILLA

OCUPACION ESPAÑOLA EN MARRUECOS

CANARIAS NO DEBE PERDER DE VISTA A MARRUECOS

DESCOLONIZACIÓN DE LOS ENCLAVES MILITARES DE CEUTA Y MELILLA

JUSTA E INTELIGENTE DESCOLONIZACIÓN DE CEUTA Y MELILLA

ENCLAVES MILITARES ESPAÑOLES EN MARRUECOS

CEUTA Y MELILLA EN LA DIRECTIVA DE DEFENSA NACIONAL

MARRUECOS SEDE DE LA REUNIÓN DEL FORO ECONÓMICO MUNDIAL

SAHARA OCCIDENTAL EN LA NUEVA DIVISIÓN ADMINISTRATIVA DE MARRUECOS

MARRUECOS SOLICITA NEGOCIAR LA DESCOLONIZACIÓN DE LOS ENCLAVES

MARRUECOS PAÍS EMERGENTE DENTRO DE UNA DÉCADA

NUEVA BASE MILITAR MARROQUÍ EN KASAR SEGUIR

BASE MILITAR USA EN TAN-TAN

DESCOLONIZACIÓN DE CEUTA Y MELILLA

CANARIAS DESDE PLATÓN


Rafael J. Sánchez Armas


Platón situó la Atlántida más allá de las columnas de Hércules. Homero, Píndaro y Hesíodo cantaron la belleza de los Campos Elíseos, las islas de los Bienaventurados o el jardín de las Hespérides, donde Hércules sustrajo las manzanas de oro. También Horacio, Virgilio y Séneca escribieron sobre la Atántida. Plutarco llamó a Canarias las Islas Afortunadas. Dos mil años después, la geología aún no ha determinado el origen del archipiélago. Nacidas de la sima del océano o desprendidas del Atlas norteafricano, las islas Canarias son la síntesis de mil invasiones. Árabes, genoveses y vizcaínos surcaron el océano Atlántico en la Edad Media al socaire de las noticias y leyendas procedentes de Canarias. Las sucesivas expediciones arrastraban a más piratas y aventureros. A mediados del siglo XIV, Louis de la Cerda, conde de Clermont, dio forma al sueño imperial de su abuelo Alfonso X el Sabio y solicitó al papa Clemente VI la investidura como príncipe de las Islas Afortunadas. La intervención de Inglaterra y Portugal, aspirantes también a dominar el territorio canario, convirtió la ceremonia de coronación en una simple efemérides. Una tormenta contribuyó al desastre. Louis de la Cerda pidió ayuda militar al catalán Pere III el Ceremoniós, pero ni pudo tomar posesión de Canarias ni tan siquiera logró conocerla. Murió dos años después en el campo de batalla contra los ingleses. Pero la codicia no cesó. Guillem de Llagostera, lugarteniente mallorquín del rey Pedro IV de Aragón, y los obispos de Tortosa y Barcelona armaron varias embarcaciones con destino a las Islas Afortunadas. Dios no los acompañó en tan noble y evangélica expedición: naufragaron frente a Gran Canaria para desdicha del mercado de esclavos de Barcelona, donde las cortesanas europeas se disputaban la fogocidad de los guanches. Mientras Cataluña mandaba a los almogávares a guerrear por el Mediterráneo, el reino de Castilla volcó sus aspiraciones imperialistas mirando hacia el océano Atlántico. Jean de Bethencourt, barón de Saint-Martin-le Guillard, juró pleitesía al monarca Enrique III e inició la conquista de Canarias. Los invasores, avezados en el arte de la traición y el asesinato, tropezaron con un pueblo noble y hospitalario, pero aguerrido y tenaz. Casi un siglo duró la resistencia de los guanches, ora contra los españoles, ora contra los portugueses. En 1478, los dos reinos peninsulares firmaron el tratado de Alcobaça. Portugal "evangelizaría" las islas de Madeiras y Azores y España ensayaría en Canarias su posterior experiencia en América: expolio y genocidio. En 1492, los Reyes Católicos nombraron gobernador de Tenerife al Adelantado Alonso Fernández de Lugo concediéndole un quinto de los guanches cautivos. Después de cada batalla, los clérigos españoles ofrecían misas en acción de gracia por la conversión y pacificación de los indígenas canarios, cuyos dioses eran la Luna y el Sol. La espada y la cruz o la cruz y la espada. Una constante en la historia de la evangelización. Avanzada la hispanidad, Canarias siguió en el entrecejo de los demás reinos europeos. Francis Drake, Van der Roes y Robert Blake, saqueadores con patente de corso, intentaron sin éxito invadir las islas. También el almirante Nelson quiso imponer su fuerza como en Trafalgar, pero el cañón Tigre, asomado sobre un pretil en la costa de Tenerife, acabó con sus planes y con uno de sus brazos. Hasta finales del siglo XVIII, Canarias quedó sometida a los designios de la Inquisición. Los descendientes de los canarios prehispánicos no pudieron cursar estudios universitarios en la metrópoli ni ocupar cargos en la Administración Pública. Fueron abolidos los nombres y topónimos aborígenes. Cuando América recuperó la soberanía independizándose de España, Canarias continuó siendo tierra de monocultivo: caña de azúcar, vid, cochinilla, plátano, turismo… Desde Cuba y Venezuela, los emigrantes canarios fomentaron el independentismo para salir del subdesarrollo y la explotación. Pero no cuajó ningún intento a pesar de la solidaridad de Simón Bolívar. Tras la descolonización española del Sahara, Argelia, temerosa del creciente dominio de Marruecos o interesada en abrir un pasillo hacia la costa atlántica, sacó de ultratumba al Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario, cuyo secretario general, el abogado Antonio Cubillo Ferreira, estaba refugiado en Argelia desde principios de los años sesenta. La misión encomendada al MPAIAC consistió en provocar la desestabilización de la zona. Durante dos años, Canarias emergió como tierra de sabotajes y disturbios. La Voz de Canarias Libre, un programa radiofónico emitido desde Radio Argel bajo la supervisión de un coronel del FLN, trató en vano de potenciar el nacionalismo canario. El miedo del pueblo y los dimes y diretes engendrados en el seno del MPAIAC dio como resultado la pérdida de cualquier tipo de confianza en la guerrilla como solución al dominio colonialista. Muchos y graves errores cometieron las dos fracciones enfrentadas en el MPAIAC, desde acusarse mutuamente de trabajar al servicio de la CIA o del KGB hasta no pactar una meta común entre las distintas concepciones ideológicas del procedimiento descolonizador. Pero por encima de todas las dificultades, la circunstancia determinante del fracaso giró en torno a la dependencia jerárquica del MPAIAC de la estrategia de Argelia, quien llegó a idear el proyecto de solicitar en la ONU la independencia de la Federación Canario-Saharaui conjugando la gran extensión de la ex colonia española y el número suficiente de habitantes de las islas. Pero hay matrimonios por amor y concubinatos por intereses. Argelia negoció con España el fabuloso contrato del gas y traicionó a Cubillo Ferreira, un personaje incómodo ya para el Gobierno argelino por su intención de tomar decisiones por sí mismo. La Voz de Canarias Libre fue clausurada tras una reunión entre Felipe González Márquez (enviado por el presidente del Gobierno Adolfo Suárez González) y Huari Bumedian y poco después el secretario general del MPAIAC sufrió un atentado. Un personaje deleznable (la vida pasa factura a todo el mundo y recientemente se ha destapado escribiendo un libro disculpando a los mandamases del GAL) hurgó en la herida abierta entre las dos fracciones del MPAIAC. Desde la revista Interviu dejó caer la acusación sobre uno de los desertores del MPAIAC como parte de la trama criminal. Pero ni Cubillo Ferreira murió, aunque veinte años después continúa en una silla de ruedas, ni Argelia ha contribuido a desmantelar aquella misteriosa operación ejecutada por dos mercenarios españoles. Sin futuro político en Argelia, Cubillo Ferreira negoció con el Gobierno del PSOE la vuelta a Canarias. Acusó a Rodolfo Martín Villa, ministro del Interior en la época (actualmente miembro cualificado del Partido Popular), de haber sido el instigador del crimen. Martín Villa se querelló contra Cubillo Ferreira por calumnia, pero el antiguo secretario general del MPAIAC salió absuelto. Hoy, el origen del atentado sigue confuso. ¿Por qué no entrega el Gobierno de Argelia los pasaportes incautados a los mercenarios para investigar si fueron expedidos, como se rumorea desde hace años, en la extinta Dirección General de Seguridad? El Congreso Nacional de Canarias ha sustituido al desaparecido MPAIAC para seguir aireando desde la legalidad la bandera de la africanidad de Canarias, un hecho incuestionable. Los lectores más eruditos no busquen el volcán del Teide ni la corriente marina de Canarias en ningún atlas europeo. ¿Acaso siglos de dominación británica ha modificado la naturaleza americana de las islas Malvinas? ¿Son Ceuta y Melilla ciudades europeas? Los ancestros prehispánicos de los canarios están en tierras bereberes, sin olvidar la relación entre la lengua de los tuareg y el idioma guanche, del cual aún perduran no pocos vocablos, nombres y topónimos canarios. Las islas Canarias son una proyección del continente africano, si bien las relaciones humanas se han desarrollado en los últimos siglos con mayor intensidad con Venezuela, Cuba y el resto de América Latina. Canarias podrá ser española por voluntad de los canarios, pero nunca podrá ser europea por imperativos de la política como tampoco podrá ser moneda de cambio en el tablero estratégico de la zona. El peor servicio prestado por el MPAIAC a la causa de la descolonización de Canarias fue no echar a volar con alas propias. Nunca un gobierno extranjero ha sido fiel aliado de ninguna causa de terceros. Enclave entre América, Europa y Africa; ruta del comercio del petróleo y nudo de comunicaciones, Canarias no debe ser una avanzadilla de la OTAN ni la retaguardia de conflictos regionales. En el umbral del siglo XXI, ha de afrontar su destino sin romper los lazos históricos con Europa, pero sin renunciar a su condición de vecina de Marruecos. El Magreb no debe ser únicamente un previsible foco de negocios, sino el imán de una duradera y fiel cooperación respetando la soberanía de cada territorio. El desarrollo de Canarias, talón de Aquiles tras quinientos años de hispanidad, ha de contribuir al progreso de Marruecos y viceversa. De la conjunción de intereses legítimos nace la prosperidad y las relaciones pacíficas.


DESCOLONIZACIÓN DE CEUTA Y MELILLA (1)

Por Rafael J. Sánchez Armas


Ceuta, Melilla y los islotes adyacentes bajo dominio español ocupan una extensión aproximada de 33 kilómetros cuadrados en la costa norte de Marruecos. La población de derecho ronda los 150.000 habitantes. La mayor parte son militares, parientes de militares y comerciantes al servicio de los militares. Los funcionarios civiles constituyen el cuarto grupo en importancia. Entre todos representan más o menos el 60 por ciento de la población. El resto son musulmanes. Fenicios, cartagineses y romanos ocuparon sucesivamente Ceuta y Melilla, pero fueron los bizantinos quienes fortificaron ambos enclaves para controlar el estrecho de Gibraltar. En el año 709, los árabes conquistaron Ceuta. La población la formaban bereberes, árabes e inmigrantes de origen andalusí. Su privilegiada situación geoestratégica la condenó a padecer un rosario de incursiones enemigas. En el siglo XI, Ceuta logró convertirse en reino y más tarde en república independiente. Portugal conquistó la ciudad en 1415, cuyo dominio mantuvo durante doscientos cincuenta años. España desembarcó en Marruecos de la mano de los Reyes Católicos, tras la delimitación de las zonas magrebíes de influencia acordadas por los reinos de Castilla y Aragón. A las órdenes del cardenal Cisneros, las tropas españolas ocuparon Melilla, Argel y Trípoli, enclaves considerados por los europeos como nidos de corsarios árabes y turcos. Barbarroja no tardó en reconquistar la ciudad de Argel y ocupar el reino de Túnez. El Magreb Este terminó cayendo bajo la soberanía del sultán turco. España sólo pudo conservar las plazas de Ceuta y Melilla. En el siglo XVII, en plena decadencia naval del Imperio de la Media Luna, el Magreb se dividió en varios Estados independientes. Desde entonces, Marruecos ha sostenido un secular enfrentamiento con España tratando de rescatar Ceuta y Melilla, convertidas desde el siglo XV hasta finales del siglo XIX en sendos presidios y guarniciones. En 1830, Francia irrumpió en Argel dispuesta a cobrar su parte en el botín africano. Aunque el desembarco chocó contra el coraje y la astucia del caudillo árabe Abd-el-Kader, ayudado por Marruecos, las tropas invasoras se expandieron hacia el sur del territorio. Detrás de Francia nació el interés colonialista de Reino Unido, Italia, Bélgica, Portugal, Alemania… Entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero del año siguiente, tuvo lugar la Conferencia de Berlín, convocada por Alemania ante la amenaza del empuje anglo-portugés. Participaron catorce potencias colonizadoras con un objetivo: hacer cuenta rasa y sentar las bases para la expansión imperialista en África y su posterior reparto en zonas de influencia. Víctor Manuel III, rey de Italia, refunfuñó: " A mi país le ha tocado el hueso de la chuleta". Efectivamente, Libia no podía compararse con Marruecos, el jardín de "la tierra occidental". En las postrimerías del siglo XIX, Europa se dividió en dos bloques antagónicos: la Triple Alianza (compuesta por Alemania, Austria-Hungría e Italia) y la Triple Entente (Francia, Rusia y Gran Bretaña). Poco después, en 1904, Francia e Inglaterra negociaron a espaldas de España el dominio de los ingleses en Egipto y la ocupación francesa de la mayor parte de Marruecos con la excusa de proteger sus posesiones en Argelia. Dicho pacto no fue del agrado del kaiser Guillermo II ni de los militares alemanes ni de los fabricantes de armas. El 31 de marzo de 1905, Guillermo II desembarcó en Tánger y manifestó al sultán de Marruecos su predisposición a la unidad e independencia de Marruecos, en pie de igualdad con el resto de las naciones. Esta declaración provocó la Conferencia de Algeciras. Cuatro meses tardaron los representantes de Alemania, Austria-Hungria, Bélgica, España, Francia, Holanda, Italia, Portugal, Reino Unido, Rusia, Suecia y EEUU en firmar el Acta de Algeciras reconociendo la soberanía del sultán de Marruecos y la libertad de comercio en su territorio. Alemania había conseguido su propósito: impedir la constitución del protectorado de Marruecos ideado por Francia. La Conferencia de Algeciras no cuestionó el estatuto jurídico de las colonias españolas en Marruecos. Sin embargo, el 9 de julio de 1909, las kabilas del Rif descendieron de las montañas y atacaron las minas controladas por los españoles y la vía del ferrocarril en las proximidades de Melilla. Entre los accionistas de la Sociedad Española de Minas del Rif destacaban el rey Alfonso XIII, el conde de Romanones, el marqués de Comilla y el duque de Tovar. El Ejército español puso toda la carne en el asador para defender Melilla del asedio de los rebeldes dirigidos por los guerrilleros El Raisuni y Abd-el-Krim. Miles de inexpertos reclutas fueron acuartelados en la metrópoli. La mayor parte de los expedicionarios zarpaban del puerto de la Ciudad Condal. Estalló la Semana Trágica de Barcelona. Durante siete días de huelga general, convocada por la CNT y la UGT contra la guerra colonialista, la sombra de Cuba y Filipinas planeó entre barricadas, sabotajes y francotiradores. La revuelta tuvo un significado antimilitarista no exento de protesta contra el clero. "¡¡Los curas están con los ricos!!", chillaban los manifestantes. "!!Que vayan ellos a Melilla!!". "¡¡Y el Rey, y Romanones, y Cambó!!". Los tranvías no funcionaban. Barcelona quedó aislada telefónica y telegráficamente. El gobernador civil declaró el estado de guerra. Mientras en los barrios de Sant Andreu, Clot y Sant Marti de Provençals, los obreros y los policías no se daban tregua, armados hasta los dientes, un puñado de amotinados incendió decenas de conventos, iglesias y escuelas regentadas por clérigos y monjas. La Guardia Civil y los militares lograron sofocar la rebelión. Hubo ochenta y siete muertos; miles de rebeldes huyeron a Francia y Francesc Ferrer Guàrdia, fundador de la Escuela Moderna y cabecilla de los disturbios, fue condenado a la pena capital. Su ejecución desató la ira de la opinión pública europea contra el rey Alfonso XIII. Antonio Maura Montaner dimitió como presidente del Consejo de Ministros, y posteriormente, la Lliga Regionalista de Francesc Cambó Batllé, representante de la burguesía nacionalista catalana, perdió las elecciones muncipales en Barcelona por haberse aliado con la monarquía borbónica. En los prolegómenos de la I Guerra Mundial, las rivalidades entre la Triple Alianza y la Triple Entente giraban en torno a las diferencias entre Alemania y Francia por la cuestión de Alsacia; las diferencias entre Alemania e Inglaterra por influencias comerciales y estratégicas en Oriente Medio; las diferencias entre Rusia y Austria por los Balcanes. La cuestión marroquí sirvió para calentar los motores y desatar la carrera de armamento en Europa. Cuando Francia ocupó Fez, España no quiso ser menos e invadió Larache y Alcazarquivir provocando la ira de Alemania, cuya Armada envió un buque frente a la costa de Agadir. Francia claudicó y compensó a los alemanes cediéndoles varios territorios en África Central. Se delimitaron los dos protectorados de Marruecos (español y francés) y se internacionalizó Tánger. Marruecos quedó dividida en tres zonas. Ninguna de soberanía marroquí. Los antiguos enclaves de Ceuta y Melilla multiplicaron su extensión gracias a la guerra entre España y Marruecos, en 1860, conflicto promovido por las convulsiones sociales en España; por la pérdida de las colonias en América y por el afán imperialista de la reina Isabel II. Ceuta y Melilla fueron declaradas "puertos francos" y se autorizó el asentamiento de los primeros colonos civiles españoles. En aquella época, según Máximo de Santos y Enrique Carabaza, coautores de la obra Melilla y Ceuta: las últimas colonias, ambas ciudades no superaban juntas los diez mil habitantes. La expansión española en las regiones de Yebala y El Rif desencadenó el aumento de la vida urbana de Ceuta y Melilla. En apenas diez años, ambas ciudades se transformaron radicalmente. El protectorado español lo gobernaba oficialmente un jalifa en nombre del sultán, pero la realidad no podía ser más tozuda: el jalifa se limitaba a firmar los decretos redactados por el Alto Comisario de España en Marruecos. Según los coautores de la obra Ceuta y Melilla: las últimas colonias, los soldados españoles incendiaron poblados, silos y cosechas; tomaron rehenes civiles; torturaron hasta la muerte a gente indefensa; fusilaron prisioneros y violaron mujeres durante los dieciocho años de guerra. El diputado socialista Indalecio Prieto Tuero pronunció un durísimo discurso contra la Comandancia Militar de Melilla. Semejante terror provocó la venganza de los hombres de Abd-el-Krim, quienes dejaron diezmados al Ejército en la batalla de Anual: hubo más de ocho mil bajas. Melilla se salvó por los pelos al llegar a tiempo los refuerzos mandados por el general José Sanjurgo Sacanell. El desastre de Anual provocó el advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera. En 1925, las tropas francesas y españolas unieron sus esfuerzos para derrotar al caudillo Abd-el-Krim. Marruecos quedó pacificado hasta después de la II Guerra Mundial. A pesar de obtener la independencia en 1956, Marruecos no ha conseguido aún completar la reunificación de su territorio. En la última Asamblea General de la ONU, el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, declaró: "Las dos ciudades marroquíes de Ceuta y Melilla y las islas vecinas, todavía bajo dominio español, constituyen un fenómeno atípico y extraño que ni la razón ni la lógica pueden admitir por ser incompatible con el espíritu y la letra de Carta de las Naciones Unidas". Sin embargo, el Gobierno de España permanece aferrado al pretendido destino hispánico de ambas ciudades. Pero ¿siempre ocurrió así? Según Máximo de Santos y Enrique Carabaza, desde Felipe II hasta Carlos IV, varios reyes españoles pensaron devolver a Marruecos el enclave de Melilla y los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas debido al elevado e inútil coste de su mantenimiento. Asimismo, el 2 de septiembre de 1811, las Cortes de Cádiz decidieron la devolución de ambas plazas a Marruecos por no ser parte integrante de la nación española. No se llevó a cabo tal decisión por la negativa de Inglaterra, fiel aliada de España contra Francia en la Guerra de la Independencia. Incluso el mismísimo dictador Primo de Rivera llegó a manifestarse contrario a la permanencia de España en aquellas ciudades. Más recientemente, y con motivo de una encuesta realizada por la Organización de Usuarios de la Justicia entre 500 ayuntamientos españoles, únicamente el alcalde de Toledo defendió la españolidad de Ceuta y Melilla. Desde el punto de vista jurídico-administrativo, las dos ciudades africanas no han tenido un marco político estable y coherente desde mediados del siglo XIX hasta la promulgación de la Constitución Española. Poco o nada han importado los diferentes nombres dados a los sucesivos órganos de gobierno de Ceuta y Melilla, porque siempre ha prevalecido su carácter de plazas militares, y sin duda su condición de colonias. Cuatro ejemplos lo demuestran: en 1820, las Cortes situaron a Ceuta bajo la dependencia del gobernador civil de Cádiz; en 1836, el comandante general de Ceuta recuperó el mando militar y civil de la plaza; en 1845, la Junta Municipal de Melilla la cubrió el gobernador militar y demás personal castrense, y desde 1925 hasta la independencia de Marruecos, Ceuta y Melilla dependieron del Alto Comisario de España en Marruecos. Tras el nacimiento de la Constitución Española, Ceuta y Melilla han permanecido desvinculadas del Estado de las Comunidades Autónomas durante quince años, cuya circunstancia dio pábulo a toda clase de teorías. Así, en 1992, Máximo de Santos y Enrique Carabaza aventuraron la idea de una supuesta negativa del Gobierno de Felipe González a conceder cualquier tipo de competencia legislativa en los respectivos estatutos de autonomía de Ceuta y Melilla, pues ante una futura retrocesión de ambas ciudades a Marruecos, la no definición de las fronteras españolas en la Constitución posibilitarían la descolonización sin quebrar el principio de la unidad de España. Pero la reciente aprobación de ambos Estatutos de Autonomía, Ceuta y Melilla parecen incardinarse definitivamente en la indisoluble unidad de la nación española, pues las dos asambleas legislativas tienen competencia tanto para fijar los límites geográficos de las ciudades como para modificar los propios Estatutos de Autonomía. Sin duda, el proceso descolonizador se ha visto perturbado gravemente en su vía jurídico-diplomática. ¿Ha sido un desliz de las Cortes Generales o la opción del conflicto permanente con Marruecos? Ceuta y Melilla no son dos ciudades normales, comparables con otras poblaciones. Ceuta y Melilla albergan en sus territorios sendas bases militares de vital importancia en la geoestrategia del Mediterráneo Occidental. Entre las dos guarniciones suman más de 15.000 soldados; un 10 por ciento de la población de derecho. Semejante despliegue de hombres y material no puede ni en broma considerarse como parte de ninguna Fuerza Defensiva del Territorio. Máximo de Santos y Enrique Carabaza han manejado la hipótesis de que Ceuta y Melilla en realidad tienen encomendada la misión de servir de cabeza de puente a las fuerzas de Occidente en el supuesto de un conflicto generalizado en el Magreb. No parece desacertada tal eventualidad si tenemos en cuenta el arsenal atómico de la OTAN y la potencia de fuego de la VI Flota norteamericana y la Fuerza Marítima Europea. Juntos conforman una máquina de guerra capaz de disuadir al más osado de los enemigos. En consecuencia, Ceuta y Melilla no parecen jugar una baza necesaria en la defensa del flanco sur de Europa, sino más bien todo lo contrario: servir como base de apoyo en una guerra contra la nación árabe.

 

(1) Documento publicado en la revista marroquí "El Nuevo Puente" y reproducida por el periódico "Amanecer".

 

IDENTIDAD BEREBER

 

Artículo en el periódico "El Mundo" del ex director del Centro Nacional de Inteligencia Jorge Dezcallar de Mazarredo y embajador de España ante la Santa Sede: "Es importante destacar que en Marruecos no existe un problema bereber planteado en términos políticos de autoexclusión. Los bereberes se sienten también marroquíes, están orgullosos de serlo, y no ven contradicción alguna entre ambas identidades. Al menos hasta ahora". Efectivamente, al menos hasta ahora. ¡¡Pero!! España y Marruecos tienen un conflicto pendiente con la descolonización de Ceuta y Melilla. El problema aún no se ha convertido en "casus belli". Cuanso eso suceda España "promoverá" la identidad bereber a secas. Entretanto, el gobierno español ha decidido el despliegue de una batería de misiles antimisiles apuntando en dirección a Marruecos.

 

CANARIAS EN EL ABISMO

 

El frente islámico representa una amenaza incalculable, no tanto por la posible infraestructura de Al-Qaeda en España (comandos "dormidos" como advirtió Ben Laden en su momento), sino por las potenciales alianzas con grupúsculos antiespañoles (manejados entre bambalinas por fuerzas contrapuestas) en la región del noroeste de África. Ay, como Al-Qaeda acuda en ayuda de sus hermanos de la "república árabe saharaui democrática" tras la declaración de guerra de España vendiéndole o regalándole 20 carros de combate M-60 a Marruecos. Dos o tres hoteles envueltos en llamas en Tenerife; un barco hundido en la bocana del puerto de La Luz; medio centenar de muertos por las calles. La ruina del turismo en Canarias... ¿Qué pasa con Hugo Chávez Frías? Un grupo canario le ha pedido dinero .... Pero de eso hablaremos más adelante.

 

II PARTE

 

Extraño noviazgo entre JM Aznar López y la "república árabe saharahui democrática" (RASD). ¿Por qué tanto interés del PP por el Frente Polisario? "Para mantener entretenido a Marruecos y desviar (o aplazar) su atención sobre Ceuta y Melilla" (Federico Jiménez Losantos). Puro cálculo estratégico. Qué paradoja. El Frente Polisario (invento del régimen de Franco) primero enemigo de "Martín Borman" (apelativo cariñoso del ministro del Interior Martín Villa en tiempos del MPAIAC) y ahora amigo de toda la vida del PP. Por fortuna para Canarias fracasó (por desmantelamiento del MPAIAC) aquel proyecto de la Federación Canario Saharahui bajo la dirección de Argelia. Se va a liar una muy gorda. Guerra (Marruecos no va a tolerar la independencia del Sahara Occidental) o terrorismo (tampoco el Frente Polisario aceptará la soberanía de Marruecos).

LA MARCHA POR LA INTEGRIDAD


La cuestión de la integridad territorial ha dominado la vida de nuestra nación desde la independencia. Cada uno conoce las etapas que culminaron con la decisión de SM Hassan II de organizar la Marcha Verde para recuperar nuestras provincias saharianas. Esta iniciativa determinada y pacífica prevalecerá para la liberación de Sebta y Melilia.

Fuente: Ahmed Alaoui (consejero del rey Hassan II).

Marcharse de Ceuta y Melilla. La historia dice una cosa y la lógica dice otra. A medio o largo plazo España tendrá que renunciar a esas dos ciudades enclavadas en otro continente y rodeadas por territorio marroquí. Es duro aceptar la evidencia pero las evidencias están para aceptarlas. Ceuta y Melilla son un problema para España y para Europa. Ahora mismo son una olla a presión interna, un factor latente de conflicto con Marruecos. Cada día albergará más y más marroquíes y subsaharianos (negros de África Central), y cuando llegue la hora inevitable, también serán españoles, y serán muchos más (con su religión y sus costumbres). Empeñarse en permanecer en Ceuta y Melilla es apostar por enfrentarse a futuros y graves conflictos sociales, políticos, militares.

Fuente: Manuel Hidalgo, en "El Mundo"


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RAFAEL SÁNCHEZ ARMAS

AGENCIA BK DETECTIVES ASOCIADOS

AGENCIA BK DETECTIVES